viernes, 3 de febrero de 2017

El justo brilla en las tinieblas

Salmo 111

El justo brilla en las tinieblas como una luz.
En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo. Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos.

El justo jamás vacilará, su recuerdo será perpetuo. No temerá las malas noticias, su corazón está firme en el Señor.

Su corazón está seguro, sin temor. Reparte limosna a los pobres: su caridad es constante, sin falta, y alzará la frente con dignidad.


En los versos de este salmo leemos, por un lado un auténtico código moral y guía para la conducta humana. Se nos habla de la persona justa, que se compadece de los pobres, que reparte su riqueza y jamás se cansa de ayudar. El sentido de la solidaridad es fortísimo en la cultura hebrea y una constante en su devenir histórico.

El justo es elogiado y valorado pero, además, el salmista recalca todas las bendiciones que recibirá. El mundo le recordará —su recuerdo será perpetuo—. No morirá en la memoria de las gentes. Sin pretenderlo, conseguirá permanecer vivo en el recuerdo, mucho más que quien solo busca su gloria.

No temerá las malas noticias, su corazón está firme. Será una persona que pueda resistir los embates de la vida, las tristezas, dolores y pérdidas que todos tenemos que afrontar. Y lo hará con ánimo firme, porque se apoya en Dios. No serán el poder ni la violencia los que le harán fuerte, sino la confianza en Dios y su misma bondad.

Alzará la frente con dignidad: quien da amor sin reservas, quien no esconde egoísmos ni intereses, puede caminar por la vida con toda libertad y dignidad. No necesita aparentar lo que no es, ni esforzarse por ocultar sus egoísmos, ni disfrazar sus intenciones, porque es limpio y da generosamente lo que ha recibido.

Y estas personas —lo podemos ver, hoy y siempre, en nuestra propia vida— son personas luminosas, que irradian bondad, calidez, presencia de Dios. No necesitan ser especiales. Quizás son pobres o quizás no; pueden tener tantos problemas o más que cualquiera; tal vez estén enfermas, o incluso puede ser que sufran rechazo por parte de algunos… Pero la felicidad que desprenden ilumina su entorno. Porque nada puede tapar la bondad de un corazón sencillo, abierto y confiado, que transparenta la luz de Dios.

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