sábado, 14 de agosto de 2010

De pie a tu derecha está la reina...

Salmo 44


De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.
Hijas de reyes salen a tu encuentro, de pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.
Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida a tu pueblo y la casa paterna, prendado está el rey de tu belleza; póstrate ante él, que él es tu Señor.
Las traen entre alegría y algazara, van entrando en el palacio real.

Los versos de este salmo son especialmente escogidos para la fiesta de hoy, la Asunción de la Virgen María.

El salmo relata los esponsales de una reina terrenal; el evangelio nos muestra los esponsales místicos de otra reina divina, el sí de María a su Señor, Dios mismo.

El salmo nos muestra a la reina cubierta de oro y engalanada, agasajada por princesas y envuelta de esplendor. En el evangelio, vemos a María recibida por Isabel, su prima, que la alaba con gozo desbordante. María no está enjoyada de oro, pero sí está cubierta de la gloria de Dios, que se manifiesta en la alegría exultante del Magníficat.

"De pie a tu derecha está la reina..." Ocupa un lugar preeminente, de confianza, de honor junto al soberano. Nuestra fe también proclama que María es reina de la Creación, co-redentora junto a Cristo y, por tanto, tiene un lugar muy especial junto a Dios.

Y más hermoso aún: el salmo nos habla de un rey que está prendado de la belleza de la reina. También Dios se enamoró del corazón de María, de su bondad, de la belleza de su alma, y por eso quiso ir a habitar en ella y hacerla madre de su Hijo. La boda es la mejor metáfora humana, quizás, para expresar un amor tan grande.

También dice el salmista: “hija, inclina tu oído, olvida tu pueblo y la casa paterna…” Este verso tiene una lectura aún más profunda. Cuando Dios llama y uno escucha, la vida cambia. Ya no hay vuelta atrás. Seguir su llamada, responder a su amor, implica dejar el pasado, los vínculos familiares, el hogar que nos vio nacer. Todo, para ir a formar una nueva familia, un nuevo hogar, un nuevo reino. Más aún. Seguir a Dios y abrirse a su amor significa desprenderse de muchos lastres y herencias, no sólo físicos, sino mentales y espirituales. Para seguirle es necesario caminar ligero, como lo hizo María, que fue presurosa a la montaña para encontrarse con su prima. Y para ir ligero, todo sobra, menos el amor.

2 comentarios:

  1. Bellísimo salmo, preludio de la gloria de nuestra amadísima Madre; verdaderamente Dios puso sus ojos "en la humildad de su esclava", y de esclava se convirtió en Reina.
    ¡Gloria a Dios!

    Genaro Cortés F. - MEJ Coquimbo

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  2. Hermoso este salmo, he aquí la esclava del Señor. Nuestra Reina y Señora

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