4 de agosto de 2023

El Señor reina altísimo sobre la tierra


Salmo 96

El Señor reina, altísimo sobre la tierra.

El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono.

Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria. 

Porque tú eres, Señor, altísimo sobre toda la tierra, encumbrado sobre todos los dioses. 



Cuando Dios reina, la tierra goza. ¡Qué hermosa manera de decir que la gloria de Dios es la alegría del mundo! Dios no se encumbra para abrumar a la creación con su poder. Su mayor deseo, su triunfo, es ver cómo el mundo, la tierra, las fuerzas naturales y los seres vivos crecen, florecen y se expanden. Dios se vuelca en su obra y ella es su mayor glorificación.

Los salmos son oraciones muy encendidas, pero nada espiritualistas. No se despegan de la vida real. Los salmos son cánticos a ras de tierra, y es desde este arraigo que pueden elevarse al Creador. El salmista se asombra y se estremece contemplando la tormenta, los montes y las estrellas. Admira la naturaleza visible que le rodea, y ve en ella algo más que rocas, árboles y nubes. Ve la mano de su autor, que es mucho más que su propia obra. Es fácil, ante la belleza del mundo, caer en la adoración de la naturaleza, la "madre tierra" y las criaturas. Muchas religiones antiguas, así como las modernas corrientes ecológicas y místicas, tienden a divinizar el mundo natural. Identifican a Dios con su obra y convierten en dioses las realidades físicas. 

Israel aprendió a distinguir. "Tú eres, Señor, altísimo sobre toda la tierra, encumbrado sobre todos los dioses". El mundo creado es maravilloso, pero no debe confundirse con su Creador. Una pieza musical es sublime, pero no es lo mismo que su compositor; un cuadro es una obra de arte, pero no es lo mismo que el pintor. Si la obra es admirable... ¿qué decir de su autor?

Entre todas las obras creadas por Dios, estamos nosotros. Los humanos, capaces de trascender y preguntarnos por nuestro origen y el de todo cuanto existe. Desde la contemplación sosegada podemos intuir una mano amorosa, una voluntad que ha querido que existiéramos, junto con toda la creación. Somos la corona de Dios. Como decía san Ireneo: "La gloria de Dios es la vida del hombre"

28 de julio de 2023

Mis delicias serán tu voluntad

Salmo 118


¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

Mi porción es el Señor; he resuelto guardar tus palabras. Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata.

Que tu bondad me consuele, según la promesa hecha a tu siervo; cuando me alcance tu compasión, viviré y mis delicias serán tu voluntad.

Yo amo tus mandatos más que el oro purísimo; por eso aprecio tus decretos y detesto el camino de la mentira.

Tus preceptos son admirables, por eso los guarda mi alma; la explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los ignorantes.


En los versos de este salmo podemos ver bien unidos dos conceptos que, aparentemente, nuestra cultura ha contrapuesto: la cabeza y el corazón. La inteligencia y la pasión a menudo son consideradas incompatibles. Sin embargo, leyendo la Biblia, y leyendo en profundidad nuestras vidas, nos daremos cuenta de que la verdadera sabiduría siempre va de la mano del amor.

El pueblo hebreo sabía el gran poder de la palabra, como expresión del pensamiento y de la libertad. La palabra de Dios se convierte así en expresión de su misma voluntad. Escuchar, sinónimo de obedecer, es una prioridad en la fe judía. Atender los mandatos del Señor, su ley, es fuente de paz, alegría y prosperidad. Porque los preceptos del Señor no son leyes arbitrarias, como las humanas; tampoco son normas injustas que empequeñecen a la persona, sino que la engrandecen y la iluminan. Como dice el salmo, “dan inteligencia a los ignorantes”.

Conjugar la voluntad propia con la de otro es algo que nos resulta muy difícil. Más aún si se trata de aunarla con la de Dios, al que a menudo consideramos lejano y exigente. Por eso, en nuestra pequeña y mezquina visión, nos pasamos la vida intentando esquivarla, escuchándola a medias o adaptándola a nuestra conveniencia, llegando a distorsionarla. Quizás nos falta oración, silencio y apertura de alma para comprender que la voluntad de Dios es nuestro gozo y nuestra plenitud. ¿Quién, más que Él, desea lo mejor para nosotros? Quizás nos falta confianza en su amor.

El poeta de este salmo no duda. Confía en la bondad de Dios y llega a decir unas palabras que bien podríamos oír en boca de Jesús: «mis delicias serán tu voluntad». Sólo quien ama intensa y totalmente puede pronunciarlas. Cuando dos se aman, la voluntad de uno y otro son la misma. Y ese amor enriquece el alma y la hace sabia. Es su tesoro.

En el evangelio de hoy, Jesús recogerá  esta idea y la explicará en forma de parábolas: un tesoro escondido en el campo, una perla preciosa, la buena pesca del mar… Quien encuentra estos bienes es capaz de renunciar a todo por ellos. Porque ha encontrado la riqueza más valiosa.

16 de junio de 2023

Somos su pueblo y ovejas de su rebaño


Salmo 99


Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.

El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades. 


En la mentalidad de hoy, en la que el individuo es exaltado y su autonomía parece la máxima aspiración, las palabras del salmo y del evangelio de este domingo pueden provocar cierto rechazo. «Somos ovejas de su rebaño.» La simple palabra «ovejas» nos resulta incluso despectiva, sinónimo de persona adocenada, sin criterio propio, sumisa y obediente.

Y, sin embargo, el Salmo canta con palabras exultantes esa pertenencia al rebaño del Señor. «Somos suyos»: esta frase no debe ser leída como sinónimo de esclavitud, sino en el sentido de pertenencia que embarga a los que se aman. «Soy tuyo» son palabras de amante que se entrega a su amado. Somos de Dios porque él nos ama y nunca nos abandona.

Este salmo también da respuestas a aquellos que creen que Dios existe, sí, pero que está muy lejano y que es indiferente a sus criaturas. Oímos a menudo decir: «el mundo está dejado de la mano de Dios». Existe una sensación de pérdida, de soledad. Somos huérfanos, Dios no escucha. El salmo viene a contradecir esto. Dios sigue siendo padre, cercano, amoroso, atento. Pero no grita ni pisa nuestra libertad. Dios está cerca de aquellos que lo buscan y se abren a Él.

El gran drama del hombre no es que Dios lo haya abandonado, sino que él ha abandonado a Dios. La gran tragedia humana no es la esclavitud, sino haber utilizado la libertad para alejarse de Aquel que es su misma fuente. El hombre no está sometido por Dios, sino por sí mismo. Quien deja de servir a Dios con alegría, cae bajo el yugo de los hombres.

En cambio, la cercanía a Dios rompe todas las cadenas y hace estallar la alegría. De ahí la exclamación del salmo: «Aclama al Señor, tierra entera».

9 de junio de 2023

Glorifica al Señor, Jerusalén

Salmo 147


Glorifica al Señor, Jerusalén.

Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.

Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina. Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz.

Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos.


En esta fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, recordamos que Jesús, Dios hecho hombre, se nos hace también pan. Él es la flor de harina que alimenta nuestra hambre de infinito y su palabra nos refuerza cada día.

La fe hebrea siempre se ha dirigido a un Dios cuyo rostro se vuelve hacia la humanidad. Un Dios que dialoga, que pide, que escucha, que actúa en favor de sus criaturas. Un Dios, en definitiva, que interviene, por amor, en los asuntos humanos. No es indiferente a cuanto sucede en el mundo.

¿Y de qué manera interviene Dios en la historia de la humanidad? El salmo lo expresa claramente.

Dice que Dios “ha reforzado los cerrojos de tus puertas”, es decir, protege y defiende a quienes lo aman. 

Continua el salmo: “ha bendecido a tus hijos…” Bendecir es una constante en Dios. Colma nuestros deseos, llena nuestra vida. Los versos siguientes hablan de esta abundancia: “Ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina”. Dios es quien da la ansiada paz y quien nos proporciona cuanto necesitamos para vivir. No sólo lo justo, sino lo mejor de lo mejor: “flor de harina”. Lo más delicioso, lo más deseable, eso nos tiene reservado a quienes nos abrimos a su don.

Pero Dios no se limita a ayudar, proteger y conceder prosperidad. Hace algo aún más grande, porque con esto se pone a nuestra altura y nos eleva a la suya: Dios se comunica, habla con nosotros, nos transmite su palabra. “Él envía su mensaje a la tierra”.


Con este verso, el salmo anticipa el evangelio de Juan con ese prólogo hermoso y profundo que nos habla del Dios que adopta un rostro y un cuerpo humano y viene a habitar entre nosotros.

2 de junio de 2023

A ti gloria y alabanza

Daniel 3, 52-56


A ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, bendito tu nombre santo y glorioso.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria. Bendito eres sobre el trono de tu reino.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos.
Bendito eres en la bóveda del cielo.

El salmo de hoy es un cántico del libro de Daniel, un libro profético que ahonda en la fe del pueblo de Israel. Una de las consecuencias de la fe y la confianza en Dios es la alegría. Los himnos de alabanza como este son efusiones, gritos de ¡viva!, lanzados al cielo; piropos a este Dios que se muestra tan cercano, tan entrañable, tan amoroso. Siendo grande y aparentemente inaccesible, se hace próximo y entra en la vida de los hombres. Los versos del canto lo describen en su trono celestial, rodeado de querubines, dominando la bóveda del cielo en medio de luz. Pero esta visión impactante surge de una experiencia muy íntima. Nadie puede cantar a Dios con tal expansión de alegría si no es porque ha vivido en carne propia la salvación.

El Antiguo Testamento nos va descubriendo poco a poco cómo es Dios Padre, la primera persona de la Santísima Trinidad. Pero en su presencia pueden intuirse las otras dos personas. Si Dios es amor, ¿cómo puede estar solo, alejado en su trono? Y si ama, esa fuerza amorosa es fuego que alienta y vivifica toda la creación. Los hombres del Antiguo Testamento descubrieron la grandeza de Dios Padre y su bondad con ellos. Jesús, el Hijo, terminará de descubrirnos que Dios no sólo está con nosotros, sino cerca de nosotros, entre nosotros. Con Jesús Dios se convierte en uno de nosotros.

Los himnos nos ayudan a rezar y pueden despertar nuestras emociones para sentirnos más unidos a este Dios que nos da la vida y nos sostiene. A menudo reducimos nuestra oración a pedir ayuda, para nosotros o para nuestros seres queridos. Otras veces damos las gracias por gracias y dones recibidos. Pero quizás estamos menos familiarizados con la plegaria de alabanza. Y esta, dicen los sabios judíos, es la forma más excelente de oración. Claro que Dios no necesita nuestros halagos, pero le alegra vernos contentos y una oración de elogio y alabanza es un regalo precioso que recoge en su inmenso, infinito corazón. La plegaria de alabanza no cambia a Dios, pero sí puede cambiarnos a nosotros y ayudarnos a vivir con más alegría y gratitud.

Cuánto amo tu voluntad, Señor